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EL ARTE DE SER JEFE

/ Vida de Patólogo / Por admin

EL ARTE DE SER JEFE (DE HABERLO SABIDO ANTES)

Hace unos pocos días recibí un mensaje del doctor Aurelio Ariza Fernández, distinguido patólogo español, en el que me anunciaba la publicación de su libro El arte de ser jefe. Perlas del oficio (Uno Editorial, 2025). Sólo he tenido la oportunidad de saludar personalmente al doctor Ariza en un par de ocasiones cuando nos hemos encontrado en algunas reuniones de la United States and Canada Academy of Pathology (USCAP). Hacia finales de septiembre de 2020, coincidí con él en el primer Seminario en honor al doctor Juan Rosai que organizó por vía telemática el doctor Reynaldo Falcón y, desde entonces, le comparto lo que escribo todas las semanas en mi columna El ciudadano atento, como lo hago con otros muchos amigos y colegas.

            El doctor Aurelio Ariza Fernández (Puebla de los Infantes, Sevilla, 1952), actualmente jubilado, es especialista en Anatomía Patológica y en Neuropatología. Doctor en Medicina y Cirugía. Catedrático de Anatomía Patológica de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona. Sus áreas de interés asistencial son la neuropatología y patología quirúrgica. Sus ámbitos de interés en la investigación son los tumores cerebrales y las enfermedades neurodegenerativas conocidas como sinucleinopatías. 

            A lo largo de su dilatada y muy fructífera vida profesional ha desempeñado los cargos siguientes: Presidente de la Comisión Nacional de la Especialidad de Anatomía Patológica y Vocal de la Comisión Permanente del Pleno del Consejo General de Especialidades Médicas. Vocal del Consejo de la European Society of Pathology y editor de su Newsletter. Representante de Anatomía Patológica en la Union of European Medical Specialities (UEMS). Expresidente de la Sociedad Española de Anatomía Patológica (SEAP). Recibió el Premio a la excelencia profesional del Colegio Oficial de Médicos de Barcelona y es Académico de la Reial Acadèmia de Medicina de Catalunya. 

            Leer El arte de ser jefe. Perlas del oficio de principio a fin ha sido una experiencia a la vez gozosa e instructiva. Este libro debería ser lectura obligada para todo residente avanzado de nuestra especialidad y para todo aquel patólogo joven que inicia su vida profesional, sobre todo, aunque no exclusivamente, si piensa hacer carrera en el servicio público. 

 ¡Ya quisiera yo haberlo leído treinta años atrás! Habiéndome desempeñado como jefe del Servicio de Anatomía Patológica del Centenario Hospital Hidalgo de Aguascalientes a lo largo de veinte años, reconozco que encontré en las páginas de esta obra deliciosa varios de los errores que cometí durante mi gestión y que bien pude haber evitado para ahorrarme más de un sinsabor que todavía recuerdo con pesar. En el otro extremo, el libro me ha ofrecido argumentos para darle su justo valor (mucho, poco o ninguno) a varios reclamos que recibí durante mi jefatura, algunos motivados por la ignorancia o la insensatez y otros por la envidia o la franca inquina de la que a veces he sido destinatario.

            Una de las facetas que más me ha gustado de esta obra han sido las frecuentes referencias a uno de mis autores de cabecera, Baltasar Gracián, un jesuita y moralista español del siglo XVII cuya obra más conocida es El oráculo manual y arte de la prudencia (1647) que, pese a su antigüedad, contiene valiosos consejos para navegar con fortuna en las procelosas aguas de los tiempos actuales. Asimismo, cita a otros autores y pensadores como al grecorromano Plutarco (c. 46 – c. 120 d.C.) y las reflexiones contenidas en su Cómo sacar provecho de los enemigos (Ediciones Siruela, 2002). También cita con gran provecho al italiano Carlo M. Cipolla (1922-2000) y su famosa teoría de la estupidez, expresada por primera vez en su obra Allegro ma non troppo (Crítica, 2017). Todas estas lecturas son también ampliamente recomendables, no sólo para los patólogos, sino para toda persona que desee vivir con conocimiento de causa.

            El arte de ser jefe. Perlas del oficio consta, nota premilinar y preludio aparte, de diecinueve capítulos breves conformados por recopilaciones de reflexiones expresadas también de forma breve y muy clara, atendiendo, ¡cómo no!, a aquel aforismo de Baltasar Gracián que reza: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno, Y aun lo malo, si poco, no tan malo”. Los títulos de cada capitulo, además de divertidos, son muy ilustrativos. Juzgue si no el lector: Solo ante el peligro. Perlas sobre liderazgo, Humano, demasiado humano. Perlas sobre motivación, La hoguera de la vanidades. Perlas sobre prebendas y recomendaciones, Vuelva usted mañana. Perlas sobre gestores y burócratas, La orgía perpetua. Perlas sobre comisiones y reuniones, La verdad de las mentiras. Perlas sobre toxicidad y maledicencia, La conjura de los necios. Perlas sobre la estupidez, o Adiós a las armas. Perlas sobre despedida y cierre, entre otros títulos.

            A continuación transcribiré algunos de los aforismos que más me han llamado la atención por parecerme representativos de la obra y que, como es natural, selecciono porque en ellos he encontrado hondas resonancias con mi mi propia experiencia y la confirmación de ideas y reflexiones que he ido destilando a partir de mis propias vivencias. Admito de antemano que seguramente otros lectores preferirán aforismos distintos a los que voy a compartir:

            *El alma de la organización son las personas. Planifica la selección de personal con sumo cuidado y no rehúyas la batalla si se trata de vigorizar el grupo con savia nueva y distinta (p. 21).

            *Deja cabalgar al optimismo, pero haz que el realismo lleve las riendas. El optimismo impulsa el avance, el realismo señala cómo, cuándo y hacia dónde (p. 22).

            *En situaciones adversas, observa y disimula. Como recomendara Baltasar Gracián, conviene entonces añadir “a la mirada de lince, un interior de tinta de calamar” (p. 23).

            *Tener un puesto de mando no te convierte milagrosamente en líder. El mando confiere poder (aunque a menudo escaso), en tanto que el liderazgo proyecta autoridad. Básate más en la influencia que emana de la autoridad que en la obediencia que exige el poder (p. 28).

            *Un protocolo de trabajo es una guía para la toma de decisiones, no una bula que bendice la falta de sentido común. No sacralices los protocolos ni los compliques en exceso. Es más útil y eficiente afanarse por lo bueno que por lo perfecto (p. 38).

            *No seas el jefe eucalipto, que no permite que nada crezca a su alrededor y siente envidia hasta de su sombra. Una de las funciones más importantes de un jefe es promocionar a los miembros de su equipo (en tanto se dejen, claro) (p. 39).

            *No pretendas gustar siempre ni te desvivas por caer bien a todo el mundo. El conflicto es parte inevitable de la vida y, aunque hagas todo lo posible por evitarlo, siempre habrá quien lo provoque. Trata de ser tú quien escoja el cómo y cuando encararlo (p. 44).

            *No permitas que tus amígdalas cerebrales te bombardeen sin descanso con el recuerdo del agravio de los ingratos. Céntrate más bien en ayudar a otros y regodéate en el gran mérito que tiene arar con según qué bueyes (p. 50).

            *Si te piden referencias sobre el malo, simplemente resopla y calla; sobre el mediocre, alaba alguna cualidad que sea irrelevante para el trabajo en cuestión; sobre el bueno, deshazte en elogios y alabanzas; sobre el muy bueno, tira cohetes y ponlo por las nubes (p. 54).

            *Selecciona muy bien con qué compañeros de jefatura compartirás tus cuitas. Busca a los sensatos y evita a los vanidosos que, aunque padezcan tribulaciones mucho más graves que las tuyas, pretenderán que todo los va muy bien y te aconsejarán con petulancia sobre aquello en lo que son una calamidad (p. 55).

            *Una cosa es la realidad y otra la burocracia que pretende reflejarla. Lucha para que tu equipo no tenga que emplear más tiempo y esfuerzo en la cumplimentación digital de formularios burocráticos que en el desempeño real de su trabajo (p. 62).

            *A medida que proliferan lo puestos burocráticos y disminuye el número de profesionales que hacen cosas concretas, aumenta la variedad y frecuencia de las reuniones y disminuye el tiempo disponible para actividades útiles y, por tanto, baja la productividad. Para mejorar la situación, se contratan más asesores, que generan más reuniones y, acelerando el círculo vicioso, agravan el problema (p. 66).

            *Lo virtual es el sucedáneo de lo presencial. Lo que sea de verdad importante, intenta tratarlo sin pantallas interpuestas (p. 69).

            *Los mediocres tienen un olfato especial para detectar a los de su cuerda, se atraen poderosamente unos a otros, intercambian los más variados favores, se protegen mutuamente con sumo celo y camaradería, y se desviven por captar acólitos de todo tipo para su viscosa tela de araña. Identifícalos pronto (p. 74).

            *No pierdas tiempo desdiciendo al envidioso. El mejor antídoto para el veneno de la envidia es el éxito (p. 77).

            *Advierte Plutarco que es fácil guardar la calma ante el enemigo cuyo ataque esperas, pero es mucho más difícil mantenerla ante el amigo cuya traición no has ni siquiera imaginado (p. 77).

            *Los atrapados en la espiral del escaqueo [escaquearse es evitar las obligaciones] combinan su errática presencia física en el lugar de trabajo con su constante ausencia mental. Salvo por el salario a final de mes, los días que les quedan de vacaciones y las habladurías del lugar, nada de lo referente al trabajo va con ellos (p. 79).

            *El apasionado amor entre la estupidez y la ignorancia encuentra en la burocracia su más mullido lecho (p. 81).

            *Lo tonto abunda más y es más peligroso que lo malo. El tonto te dispara con la munición que le has regalado, aunque no le convenga; el malo te dispara con su propia munición y sólo si le conviene. Teme más a un tonto que a un malo (p. 82).

            *Al colgar los hábitos será cuando, además de los parientes y amigos, den sus frutos más sabrosos las auténticas aficiones que hayas cultivado a lo largo de los años. No limites tu vida al monocultivo profesional (p. 108).

            *Somos primates erguidos venidos a más, no ángeles caídos venidos a menos. Tenlo en cuenta y sé indulgente al juzgarte a ti y a los demás (p. 108).

            Perlas como las que acabas de leer y muchas más contiene El arte de ser jefe. Perlas del oficio. Si tú, improbable lector, aceptas un consejo, disponte a leer este maravilloso libro cuanto antes.

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